Loëb, un campeón tranquilo

10/10/2012

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Tiene 38 años y nueve títulos consecutivos del mundial de rallies. Loëb se ha convertido en leyenda viva del automovilismo alejado de los focos, del papel couché y del glamour. Fuera del coche, lleva una vida casi de ermitaño junto a su familia a orillas del lago Ginebra , en Suiza.

En el deporte, un ámbito cada vez más chirriante y estridente, cuesta encontrar a campeones tranquilos. Deportistas  de esos que celebran los triunfos como si tal cosa. Como si lograr una victoria fuera lo más sencillo del mundo. El francés Sebastien Loëb es uno de ellos.

A sus 38 años, este piloto acaba de lograr una hazaña hasta ahora inalcanzable: ha conquistado, por novena vez consecutiva, el campeonato mundial de rallies (WRC). O lo que es lo mismo, se ha convertido en el piloto más laureado en la historia del automovilismo. Y lo ha hecho, como siempre, de forma prudente. Como quien pasa de puntillas por una habitación para no hacer ruido y molestar al de al lado.

Poco se sabe de la vida privada de Loëb. Se casó en 2005 con su mujer, Séverine, con quien tiene una niña de nombre Valentine. El matrimonio vive cerca de Lausanne, en Suiza, alejado del bullicio. Dos de los placeres confesables de este deportista son comerse un buen chuletón acompañado de una copa de vino. Sin olvidarse, por supuesto, de la velocidad, que es su gran pasión.

Desde muy niño, Sebastien fue un enamorado del deporte. Ya a los tres años comenzó a practicar gimnasia, una disciplina en la que destacó durante su infancia y adolescencia. Hasta en cuatro ocasiones fue campeón de Alsacia y quedó quinto clasificado en el campeonato de Francia. Poco a poco, con el paso del tiempo, el joven Sebastien empezó a interesarse por el mundo del motor. Primero, con carreras de ciclomotores con los amigos. Hasta que, a los 18 años, abandonó la escuela para aprender el oficio de electricista. Es a esa edad cuando comenzó a soñar con correr algún día un rally. Dicho y hecho.

  1. Loeb en Inglaterra

  2. Loeb saluda

  3. Loeb en Mónaco
  4. Loeb al volante

  5. Loeb en Monza

Con tesón y esfuerzo, consiguió unos pequeños ahorros, suficientes para comprar un Renault GT Turbo. Sus cualidades innatas al volante impresionaron a los expertos. En 1995, a los 21 años, participó en la operación Rally Jeune, dedicada a la búsqueda de nuevos talentos. Sebastien no ganó, pero se hizo un nombre y un hueco en el circuito. Dos apasionados del motor, Dominique Heintz y Rémi Mammosser, apostaron por él y decidieron ficharlo para un pequeño equipo semiprofesional. Loëb aprovechó al máximo su oportunidad. Arrasó en rallies regionales y nacionales, y en el año 2000 dio el salto al WRC. En 2004 logró su primera corona mundial. Lo demás ya es historia.

Desde entonces, nadie ha sido capaz de bajarle de lo más alto del podio. “Nunca pensé que podía llegar tan lejos”, ha admitido en público el campeón francés. Sus 75 victorias en el WRC le convierten en leyenda viva del deporte, algo a lo que Loëb no da demasiada importancia: "Sólo son números y no me interesan aunque mucha gente piense lo contrario. No necesito ser más famoso de lo que soy ahora". El hombre de los récords ya ha anunciado que se retira para compartir más tiempo con su familia a orillas del lago Ginebra. Alejado, como siempre, de la fama y del lujo. Como un tipo normal.

Por Blai Ripoll

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