Jenson Button huele a campeón

03/23/2012

Jenson Button, imagen de Hugo Boss

El piloto de McLaren se ha convertido en la cara visible de la fragancia Boss Bottle Sport, que se lanza esta primavera bajo la clásica etiqueta Boss Black. 

Como con el misterio del huevo o la gallina, hablar de la unión entre deporte y moda podría llevarnos horas de discusión y siempre llegaríamos a la misma conclusión: el uno ya no puede vivir sin mirarse en la otra. Las firmas han encontrado un filón publicitario en los deportistas, convertidos en referente de estilo más allá del fairplay con el que logran sus hitos deportivos.

Es el caso del campeón del mundo de la Fórmula 1 Jenson Button, que ha roto una tendencia hasta ahora acotada a futbolistas y estrellas del tenis convirtiéndose en el primer piloto que acerca la belleza masculina al mundo del motor.

 “Nadie mejor que él para personalizar la actitud de persona decidida, dinámica y siempre preparada para los retos a los que se enfrenta el hombre de hoy”, comentó el Director de marketing de Hugo Boss, Gerd Von Podewills, al anunciar esta colaboración que promete ser de larga duración.

Estilo dentro y fuera de las carreras

Jenson Button, que presentó en 2009 su biografía, El año de mi Campeonato, y que se encuentra inmerso en la nueva temporada de la competición, representa el perfecto prototipo de gentleman británico, un estilo muy presente en las tendencias para esta primavera-verano 2012.

Sus buenas maneras dentro y fuera de la pista, además de su excelente gusto a la hora de vestir tanto en fiestas como en el casual del día a día, ha sido alabado por multitud de publicaciones especializadas, acostumbradas a ensalzar a cualquiera que muestre un mínimo de criterio dentro de un universo con clara tendencia al exceso y a la logomanía.

En España, su equivalente podríamos encontrarlo en Xabi Alonso, protagonista de varias editoriales de moda y, como Button, representante hace un año junto a Cesc Fábregas y David Villa, de una campaña también para Hugo Boss llamada Style beyond the game.

Por Claudio M. de Prado

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